La arquitectura moderna con el desafío energético

La arquitectura moderna ha ido desarrollando métodos de construcción que cuentan con etiqueta energética, esto muestra cómo el arquitecto o los arquitectos del proyecto están concienciados con el medio ambiente y con la conservación natural. Además, no solo aportan su granito de arena en el planeta sino que también ayudan a crear nuevas construcciones que supongan un ahorro de energía.

Los materiales modernos, la tecnología y las técnicas de construcción nuevas, buscan la  eficiencia y rentabilidad.

 

¿Cómo era la arquitectura antiguamente y cómo es ahora? 

Si pensamos en la arquitectura tradicional, los mecanismos de regulación térmica interior se incorporaban en el misma estructura. Se tenía en cuenta la topografía, la construcción, la morfología, la disposición y también el uso de los espacios internos participan en la función del mecanismo de regulación térmica.

De esta manera, en los días que corren, la falta de combustibles fósiles, así como la creciente degradación del Medio Ambiente, ha hecho que crezca el interés en el uso de materiales, procesos y fuentes de energía ecológicos y ha provocado que las construcciones modernas piensen más en el Medio Ambiente y generen el menos gasto de energía posible.

Por consiguiente, esto hizo que se hubiera un cambio en la arquitectura bioclimática, y que cuando se fuera a diseñar un edificio desde sus inicios se pudiera realizar un intercambio de energía entre el ambiente interior y el exterior, natural y climático. De esta forma, el edificio sería como un organismo vivo, una estructura dinámica que depende de los factores climáticos como: la radiación solar para el invierno, brisas marinas para el verano, etc… y a su vez que se eviten los efectos climáticos más desfavorables. En este enfoque, los sistemas mecánicos están interconectados integralmente con la arquitectura y deben tenerse en cuenta como elementos fundamentales del edificio.

 

El gran reto es reducir el consumo de energía

Según el físico y astrónomo alemán Wolfgang Feist, dice que se puede vivir cómodamente en una casa tan solo con el 10% de la energía que consumimos.

Desde hace ya tres décadas, el profesor de la Universidad de Innsbruck Wolfgang Feist (1954) convenció a su familia para mudarse a una casa pasiva (como se conoce a los inmuebles que consumen un 10% de la energía empleada por una vivienda media). Este profesional, comenzó estudiar durante los años setenta las maneras de construcción que daban la posibilidad de ahorrar energía aislando los edificios y hoy es, junto al ingeniero sueco Bo Adamson, uno de los principales referentes mundiales en este tipo de viviendas eficientes. Está al frente del Instituto de la Vivienda Pasiva en Darmstadt (Alemania), una organización que impulsa el desarrollo del concepto de estas casas. Si este tipo de viviendas se convirtieran en algo normal, se cambiaría el mapa del consumo energético.

 


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